viernes, 20 de abril de 2007

Gato Pérez-Sus primeros años en discos EMI



LAS GARRAS DEL GATO

La última vez que estuve con Gato Pérez fue cenando en un restaurante de Las Ramblas, abajo a la izquierda, famoso por su envidiable cocina. Al salir del local con Antonio Resines (el cantautor, no el actor, que habrá que aclararlo muchas veces) e intentar entrar en el coche que teníamos aparcado allí cerca, se nos acercaron dos muchachas, casi adolescentes, que intentaron convencernos de mantener con ellas comercial carnal por un módico estipendio. Las rechazamos, insistieron, y cómo yo era el que no conducía y quedaba por la parte de la acera, conmigo se cebaron metiéndome mano repetidas veces. Al final nos fuimos de allí, orgullosos de nuestra virtud y resistencia al pecado. Cual no sería mi sorpresa al día siguiente, al ir a pagar en el hotel, cuando comprobé que las dos mujeres me había birlado todos los billetes que llevaba en la cartera, que, sin embargo, no habían sacado de mi bolsillo. Ni que decir tiene que Resines se partió el pecho de risa.

Traigo aquí esta anécdota no para alabar las sin duda loables condiciones profesionales de las dos prostitutas, artistas del choriceo fino, tan preferible al robo a punta de navaja o al atraco a lo grande de los especuladores inmobiliarios, sino porque Gato Pérez fue un maestro en el arte de retratar en canciones ese mundo de la Barcelona suburbial y marginal al que pertenecían mis diestras ladronas.

Esta mal plagiar, aunque sea a uno mismo, pero es que no encuentro palabras más adecuadas para explicar esta condición de retratista urbano de Gato Pérez que las que escribí algo así como en 1984 en la revista “Música Popular”: “La rumba, y la muy particular maneta que tiene Gato Pérez de entenderla, y desarrollarla es algo más que un descubrimiento musical, es un elemento crucial en el entendimiento de su obra y hasta cierto punto una elección no sólo estética, sino también ética. Es la música de un sector social muy determinado, que queda perfectamente definido en sus canciones y alrededor del cual se estructura su alternativa artística y me atrevería decir que hasta vital. Es la representación de la Cataluña (el mundo) que ama Gato Pérez: la de los gitanos de los barrios marginales, la de los pageses, trabajadores noctámbulos, camioneros, travestis, rumberas, prostitutas, gente de la farándula, bares de mala nota, descargadores de muelle, taxistas, pequeños maleantes, que forman un microcosmos humano que lucha, como él mismo, por integrarse en una sociedad muchas veces clasista y hostil. Es la música de los siete barrios y del barrio chino, y él la plantea como una forma de tirar hacia delante con la vida, pisando el terreno de lo cotidiano, el del arte de todos los días”.

Aparte de un retratista preciso e inspirado del mundo que le rodeaba (de aquellas partes del mundo que él escogía para identificarse en ellas), Gato Pérez es probablemente uno de los mejores contadores de historias de la historia de la música popular, un férreo constructor de canciones, en textos y músicas, capaz de aunar estilos y formas estéticas diferentes para dar a luz un estilo personalísimo y único, el distintivo de los grandes artistas. Además, y escribiendo de esto podríamos desgastar por completo las teclas del ordenador, es, también probablemente, el cantautor que más y mejor ha reflexionado sobre su oficio y sobre su propio trabajo (“Gitanitos y morenos”, “Sabor de barrio”, “Orquesta de plata y oro”, etc…).

El 18 de octubre de 1990 un infarto mató a Gato en Caldes de Montbui. Aún no había pasado 40 años desde que nació en Bueno Aires el 11 de abril de 1951. Había llegado a Barcelona con 16 años y pronto se metió en el mundo de la música. Fue jefe de promoción de la discográfica catalana Edigsa, toco el bajo con La Trinca y montó varios conjuntos, comenzando a tener cierta resonancia con Slo-Blo, en el que, en compañía de su inseparable Rafael Zarita Zaragoza, hacía un country-rock de buen pulso. Grabó después dos discos formando parte de Secta Sónica, uno de los más interesantes grupos de lo que se llamo música laietana. Luego le dio tiempo a editar nueve discos en solitario.

En la antología que he escogido para poner música del Gato a este comentario (por lo demás el único CD suyo que he encontrado a la venta en unos grandes almacenes, lo que me apena y cabrea) se reúnen temas de tres discos que grabó en EMI: “Atalaya” (1981), “Prohibido maltratar a los gatos” (1982) y “Flaires de Barcelunya” (1982).

Aunque faltan canciones que a uno le gustaría que estuvieran, no sobra ninguna. Algunas de ellas (“Gitanitos y Morenos”, que es mucho más que un tema de baile que han adoptado todas las orquestas de España, “Ebrios de soledad”, un dolorido homenaje a la amistad, “Se fuerza la máquina”, premonitoria denuncia de la dura vida del músico, “Granito de Sal”, canto a una rumbera comparable al “Malena” de Homero Manzi y Lucio Demaré, o “La rumba de aquí”, estremecedor testimonio vital) rozan la obra maestra. El resto van de las excelentes a las buenas.

CD 1

1.- Gitanitos y morenos (Xavier P. Pérez/Francisco Gijón)
2.- El chocolate de Marcelino
3.- Mi perro
4.- La diputada
5.- Ebrios de soledad.
6.- Rumba Twist
7.- Tiene tumbao
8.- Orquesta de plata y oro
9.- Garrotín del Tránsito
10.- Se fuerza la máquina
11.- Atalaya
12.- Santa María (Popular de Puerto Rico)
13.- Granito de sal
14.- La rumba de aquí
15.- Vuelve el virus
16.- Encuentro cercano

CD 2

1.- Vino del sol
2.- Todo sexo femenino
3.- Quisiera ser poeta, quisiera ser cometa
4.- Tic-tac
5.- La luna en el mar
6.- Los favoritos
7.- Sin ser valiente
8.- Els morenus d’en Martínez
9.- L’hereu de Can Bruguera
10.- La dama d l’ovni
11.- Mariner de Rivera
12.- Tanguillu canicular
13.- Rumba Laietana
14.- Al carrer de la cera
15.- Senyor Botiguer (Jaume Sisa)
16.- Passejant pel Vallés
17.- BCN, BCN

La reedición, que cuenta con un buen folleto y con un texto de Antonio Subirana, aunque sin letras, la realizó Rama Lama Music (2002).

Antonio Gómez

1 comentario:

Efímera dijo...

Maravilloso, me has transportado a mis años de adolescente a ritmo de rumba Gato Pérez.
Saludos.